Raúl Royo Fraguas

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El tema. El temazo. De lo que se habla. Esto y mucho más es el procés. He tenido a lo largo de los últimos meses bastantes conversaciones sobre este tema, con amigos/as, compañeros etc. Entre el magma de la opiniología establecida voy a destacar dos versiones de la cosa, que recogen en mi opinión, los polos que conforman la lectura o visión “de izquierdas” de la situación. Lo interesante es que ambas pivotan en torno a la valoración de sobre quien descansa la conducción política del procés.

La primera versión (pesimista-españolista por nombre irónico) básicamente afirma que el procés es fundamentalmente funcional a la reinvención del régimen del 78. O más concretamente: la recomposición de las bases de poder material de los valedores del régimen del 78. Tanto en el Estado Español como en Cataluña.

Respecto a la oligarquía catalana: la orientación indepe de CIU (ahora PdCAT) es la respuesta particular a la crisis de régimen del 78 y el pudridero de corrupción y nepotismo neoliberal en el que se encontraba sumido, hasta el punto de amenazar las bases de su poder.

En definitiva, que la dirección política de la oligarquía catalana decidió hace tiempo que <<dado que vamos a ir a la cárcel, mejor hacerlo por sedición que por corrupción>>. Tiene más poesía y lo más importante, si todo va bè la amnistía llega antes. [Aviso para navegantes: esto es una tremenda simplificación. Pero recoge con bastante amplitud el punto].

Por otra parte el Partido Popular, ex-compañero de correrías y cacerías de CIU y con quien se disputa el honor de quien es el partido más corrupto del estado español, afectado por su propia crisis de legitimidad (aunque menos tocado en cuanto a su base social de votos) reencuentra en el choque de trenes la posibilidad renovada de volver a hablar como un partido de estado, es más, de presentarse antes un PSOE desorientado desde hace años, como el partido garante del estado español.

De paso todo el marco de conflicto social y económico que había instaurado el 15M y el llamado “cambio” se va al garete, progresivamente aplastado por un nuevo marco de conflicto territorial e identitario -que desplaza o aplaza las cuestiones sociales y económicas hasta más ver- y donde las derechas hacen su agosto junto a las tiendas de souvenirs vendiendo banderas. Double Win para los valedores del R78.

La segunda versión insiste en lo siguiente: lejos de ser funcional a la reinversión del régimen del 78 el procés ha sido la única impugnación realmente efectiva al régimen del 78.  En esta versión la importancia del PdCAT y los agentes institucionales se valora menor, en relación al desborde de la movilización de la sociedad civil catalana.

Nos encontraríamos ante un gran procéso constituyente en forma de independencia del estado español, ante el cual los intereses de la oligarquía catalana se vería rápidamente desplazado por las demandas “más allá” de la independencia, de esta sociedad civil movilizada. Lo cual se visibiliza en el papel cada vez más residual del PdCAT en la toma de decisiones y la organización material del procés.

La “cuestión nacional/territorial” sería de este modo el punto crítico del régimen del 78. Aquí entra algo que podríamos denominar la teoría del domino o del castillo de legos: hay una pieza (la cuestión nacional/territorial) que tiene el potencial de hacer caer todas las demás (justicia social, derechos, democracia, etc).

Hasta aquí la descripción. Ahora mi punto

Vale. Acepto. La cuestión de la independencia en Cataluña va mucho más lejos que CIU- PdCAT, Esquerra and Co. (JxSI) De acuerdo. Los “éxitos” de la carrera por la independencia han sido posibles por un efecto de desborde (catalizado también por agentes como ANC, Omnium etc.).

La cuestión es: ¿Existe, aparte de PdCAT-Esquerra algún otro sujeto del procés con capacidad de agencia como para aparecer o presentarse como interlocutor institucional? Porque esta es una cuestión clave en la fase actual y temo que será determinante en el resultado final del procés.

Los bloques políticos están conformados por la superposición de diferentes grupos, personalidad y facciones sociales, económicas y políticas (con lo que lo implica de colaboración-alianza-competición) con diferentes capacidades de agencia y agencias diferentes.

En el caso que nos ocupa por ejemplo, los agentes con mayor capacidad de movilización son ANC y Omnium Cultural.

Pero en el “tránsito” institucional del procés no se vislumbra a corto plazo la aparición de un agente con capacidad de interlocución institucional que no sea PdCAT y Esquerra (JxSI). Con lo que ello supone de capacidad de sobredeterminar el resto de la agenda pro-independentista y, al mismo tiempo, capitalizar en beneficio propio y de sus intereses materiales inmediatos, los efectos políticos del mismo.

Es un visión pesimista, que está más el carro de la primera versión que de la segunda. Espero otros argumentos para confirmar/revisar este análisis.

EL MATERIALISMO ES

Notas sobre el materialismo

 

Aquí tres citas bien distintas. Pero que conciernen, cada una a su vez, a una cierta concepción del materialismo. Que nos permiten, podríamos decir, triangular sus contornos.

Los hombres  hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo condiciones elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado.

…no contarse cuentos (ne pas se raconter des histoires).

Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete.

Una de ellas pertenece a un conocido cineasta judío neoyorkino. La segunda a la autobiografía de un filósofo: El porvenir es largo. La que queda, al único filósofo que, desde 1818, no ha tenido la oportunidad de ser marxista: el propio Karl Marx[1].

Tres citas, que podemos juntar al azar y sin embargo, nos parece, apuntan en la misma dirección. En relación a esa forma de materialismo que pretendemos contribuir a delimitar, la primera funciona como su base filosófica, su explanación[2].

Verbo que designa al mismo la acción de poner llana una cosa -especialmente un terreno- y la de hacer comprensible una cosa. Para construir un edificio es necesario primero delimitar un cierto espacio, alisarlo, consolidarlo. Ex-plicare = deshacer (ex-: movimiento de un interior a un exterior) algo que se encuentra plegado (-plicare: hacer pliegues).

Constructivismo de la acción humana que, tanto en la geosfera (espacio físico) como en la noosfera (mundo de las ideas) en la que habita, no encuentra una orografía lisa, sino por el contrario un mundo por completo estriado, complicado.

En eso consiste la operación filosófica de Marx contenida en el fragmento que hemos citado. Extender el terreno sobre el que pudiera construirse un cierto edificio del materialismo. Que podemos llamar histórico y que es diferente del materialismo dialéctico. Simplemente otro. Aquel se construye sobre otros terrenos, con otros materiales y da lugar a formas distintas.

¿Y qué quiere decirnos Marx? Algo parecido a lo que ya acabamos de decir. Que los humanos somos los protagonistas de nuestra propia historia[3], pero que la historia es esa complicación por la que nos movemos en un terreno ya dado[4]. Una orografía que determina el plano desde el cual partimos. Que el mundo no es liso.

Que somos libres, pero la libertad no se parece en absoluto al gesto heroico de cortar los nudos que que nos determinan, sino la habilidad de movernos entre ellos, deshacerlos, negociar con ellos, anudarlos de formas más bellas y quizás menos opresivas.

La segunda cita nos sitúa ante una cierta posición ética, o ético-política, que sería propia de ese materialismo del que hablamos.  Que deviene de él. Ojo con la inflexión de Althusser: no contarse cuentos. Lo que se pone en juego aquí es una cierta relación con la verdad, propiamente materialista.

Pero ¿hay algo acaso más complicado que nuestra relación con la verdad? La verdad, en el campo en el que se mueve el materialismo histórico, es ella tambíen un campo de tensión, de lucha, por el sentido, por los afectos, por el relato.

Constructivismo político de la verdad histórica, de la verdad en el campo social. Los relatos que constituyen los sentidos comunes sobre los que se articula la convivencia, la copertenencia y al mismo tiempo el conflicto social y político.

¿Que verdad es la que está aquí en juego, entonces? La verdad en su efectividad mundana. La verità effettuale della cosa, en la tradición que, de Maquiavelo a Marx, Althusser nos ha enseñado a descubrir una corriente subterránea del materialismo ( materialismo del encuentro o materialismo aleatorio).

Maquiavelo, El Principe, cap. XV: siendo mi propósito escribir algo útil para quien lo lea, me ha parecido más conveniente ir directamente a la verdad efectiva de los hechos que a su imaginación. Muchos se han imaginado repúblicas y principados que no se han visto ni conocido en la realidad. Porqué hay tanta distancia entre cómo se vive y cómo se debería vivir, que quien abandona lo que se hace por lo que se debería hacer aprende más rápido su ruina que su supervivencia.

No contarse cuentos es no sucumbir al encantamiento de eludir ese décalage, Esa cesura que el materialista toma como un dato puro. Como un constituyente básico del plano de la realidad en el que se mueve la acción humana.

La verdad, con la que se relaciona el materialista, es un campo de construcción, y no responde exactamente a la comprobación empírica de una correspondencia. Tampoco está dada en tanto no es un campo conflictual. Pero posee una efectividad.

O más bien se mide por su efectividad, sin que esto caiga del lado del oportunismo discursivo. Más bien se trata de saber: este aparato de conceptos, de relaciones, de hipótesis ¿cuanto son capaces de morder la realidad? ¿De engancharse al mundo y moverse con él, de moverlo a él?

La verdad del materialista no puede ser insensible al mundo. Un aparato conceptual que no es capaz de morder la realidad, de relacionarse efectivamente con ella, no posee verdad. Aunque posea razón.

He aquí el punto ¿A que se opone esta verdad efectiva? ¿Cual es su compañera de viaje, su némesis? La razón. O más propiamente los sueños de la razón (alla immaginazione di essa).  Que la verdad del mundo puede contradecir la verdad de la razón. Este es un descubrimiento propiamente filosófico, terrible y pavoroso.

Tanto es así que en la  historia de la filosofía ha tomado partido sobre uno u otro punto. Y en ella ha dominado la negativa a, simplemente, aceptarlo. La tentativa de clausurar esta posibilidad. Enfrentada la verdad del mundo y la verdad de la razón, descalificación de la primera en favor de la segunda. Primacía entonces de la razón frente a lo sensible.

Pero no ha sido así en todo tiempo y en todo lugar. A esa corriente que, discurriendo paralelamente a aquella, se ha atrevido a enfrentar esta cesura y esta sinrazón, como un objeto práctico, Althusser nos enseña a llamarla materialismo.

La última cita, una ocurrencia ingeniosa, un chiste, pero un chiste muy serio, designa el campo político donde, necesariamente, se sitúa la acción materialista. No importa cuan lejos esté el mundo de ser como queríamos que fuera. Es el único lugar donde podemos cumplir nuestros deseos.

Toda concepción filosófica y todo programa político que desestime el mundo en favor de otro lugar, está simplemente condenado a sufrir el mundo sin oportunidad de convertirse en protagonista de su historia.


[1] Todo -ismo en filosofía es fidelidad a una obra (que se confunde con un pensamiento), el esfuerzo salvaje por aprehender su coherencia. Y sin embargo el pensamiento, en lo que tiene de intempestivo, de productivo, no funciona exáctamente de ese modo. De todos aquellos que han sido fieles al pensamiento de Marx, él es el último de ellos.

[2] RAE Explanación: 1. Efecto y acción de explanar. 2. Acción y efecto de allanar un terreno. 3. Declaración y explicación de un texto, doctrina o sentencia que tiene el sentido oscuro u ofrece muchas cosas que observar.
RAE
Explanar:

[3] Primera conclusión: que el campo de la acción humana,  en lo que nos corresponde, es la historia . Y no la naturaleza, por ejemplo.

[4] Segunda conclusión: que pese a esa complicación la acción humana tiene una cierta capacidad de agencia. Ningún fatalismo de la historia, ninguna sobredeterminación sobre la que pudiéramos excusar nuestra inacción.

La tragedia es el rompimiento de las formas y de nuestra unión con ellas; la comedia es el júbilo bárbaro, descuidado e inagotable de la vida invencible. Así las dos son términos de un solo tema mitológico y de la experiencia que las incluye y en la cual se unen: el camino hacia abajo y el camino hacia arriba (káthodos y ánodos) que juntos constituyen la totalidad de la revelación que es la vida y que el individuo debe conocer y amar si ha de sufrir la purgación (kátharsis-purgatorio) del contagio del pecado (desobediencia a la voluntad divina) y de la muerte (identificación con la forma mortal).

El héroe de las mil caras
Joseph Campbell

 

Las esferas social y tecnológica van siempre de la mano, y los cambios en una de ellas propician y potencian los cambios en la otra. Mientras que los tecnoutopistas creen que la aceleración tecnológica permitirá superar automáticamente de por sí los conflictos sociales, nosotros pensamos que el desarrollo tecnológico tiene que acelerarse precisamente porque la tecnología es necesaria para ganar los conflictos sociales.
Manifiesto por una Política Aceleracionista. 03. Sobre el futuro

 

En el límite de la tecnopolítica se encuentra el tecnofelicismo, la utopía, la sociofobia. ¿Donde se encuentran estos límites? ¿Cómo podemos y debemos trazar la frontera y la diferencia?

 

  1. Podemos definir el utopismo tecnológico como aquel pensamiento político por el cual el desarrollo tecnológico poseería el potencial de cancelar los conflictos sociales, políticos y culturales.

    Así, el tecnoutopismo confía al desarrollo tecnológico (in toto o a determinados desarrollos tecnológicos) el potencial social de superar, eliminar o cancelar, los conflictos -de nuevo, en su totalidad o algunos modos concretos de conflictividad social presentes- que atraviesan la sociedad: la diferencia de clases, los conflictos del mundo del trabajo, el propio trabajo en sí mismo, las conflictos derivados de las diferencias políticas, los problemas ambientales etc. serían algunos de los ejemplos más recurrentes.

  2. Por el contrario,  la tecnopolítica son teorías y prácticas políticas prospectivas que analizan el papel de la técnica y la tecnología en el conflicto social y político.

    ¿Cual es el papel de la tecnología en el conflicto social? ¿Cómo determinadas tecnologías o usos de las tecnologías son funcionales a la aceleración del conflicto social y político? ¿Cómo el acceso al uso o consumo determinadas tecnologías o usos de las tecnologías establecen jerarquías socioeconómicas? ¿Cuales son los conflictos distributivos en torno a la producción y acceso a las tecnologías? ¿Qué jerarquías regionales se establecen en el sistema-mundo capitalista en relación a la producción y el consumo de las nuevas tecnologías? Son algunas preguntas pertinentes propiamente tecnopolíticas.
  3. Hay una forma específicamente contemporánea de utopismo tecnológico. Pero no debemos confundir el utopismo tecnológico como privativo de nuestra época. Cuanto menos desde la modernidad capitalista cada gran salto tecnológico ha venido acompañado desde entonces de una abundante literatura acerca de su potencial para superar la conflictividad propia de la época.

 

El devenir -aquello que ya-estamos-siendo- es como la orilla sobre la que rompe la marea.

La historia es, precisamente, la marea. Que nos arrastra, que nos empuja y traslada hacía la orilla, pero también el reflujo que nos aleja de ella.

La actualidad sería quizás la ola sobre las que nos encontramos nosotros/as. Navegantes de un barquito hecho de cascara de nuez.

¿Donde esta mi cleavage? Muerte y resurrección del eje izquierda-derecha España 2011-2018

Cleavage o Clivaje (escisión o fisura) en ciencia política y sociología es un concepto, utilizado para el análisis de las tendencias de voto; se refiere a la división de los votantes en diferentes bloques separados por “escisiones” o “clivajes” (del inglés cleavage).

La hipótesis preliminar es que los votantes no se dividen de un modo predefinido en grupos a favor o en contra de un determinado tema. El análisis del voto asume que los votantes optan votar a un partido determinado por la solución u opción que éste toma respecto de una o varias cuestiones, eligiendo la opción que más se acerca a su propia postura. El clivaje es la escisión que separa a los votantes en defensores y adversarios de un tema en particular, y puede llevar a convertirlos en votantes de un partido determinado. Si se imaginan las diferentes posiciones políticas ante una cuestión como una línea horizontal, el clivaje sería la línea vertical que divide a los diferentes partidos políticos entre defensores y opositores a esa cuestión.

Fuente: Wikipedia. Clivaje (política)

https://es.wikipedia.org/wiki/Clivaje_(pol%C3%ADtica)

Creo que uno de las aspectos menos comentados de los efectos del ciclo de asalto institucional post-15M es una progresiva recuperación en el tiempo de la importancia relativa y la centralidad discursiva del eje izquierda-derecha (voy a usar eje como translación bastarda del concepto de clivaje). Precisamente respecto del que muchos consideramos el eje o clivaje nativo del 15M y la política del cambio en general: los de abajo contra los de arriba o, en una expresión con mayor densidad descriptiva y conceptual, la revuelta de los grupos sociales y generacionales damnificados por décadas de gobierno neoliberal contra los detentadores del poder responsables de la situación de desposesión de sus condiciones de vida agravada por la crisis.  

Identificados estos “detentadores del poder”, en un concepto que ha ganado fama y reconocimiento, como el Régimen del 78: el sistema de repartos políticos, económicos, culturales y sociales emergido del proceso de transición desde el franquismo y consolidado como un sistema oligárquico cerrado y progresivamente más desapegado en relación a su modo de vida e intereses del amplio conjunto de la población (que se identifica a sí misma como “ciudadanía”, en una versión plebeya del término por oposición a estas élites).

Un entramado de poder fuertemente entrelazado (de ahí la relevancia política que va a cobrar el concepto de “puertas giratorias”) identificado fundamentalmente con su brazo económico -el poder económico financiero-inmobiliario- representado por el IBEX35 y su brazo político, el bipartidismo conformado por el tándem PP-PSOE que ha dominado y sobredeterminado los mecanismos de poder en el estado español durante estos 38 años (sumando en determinados territorios otras siglas políticas donde se encuentran depositados los intereses y mecanismos de dominio de las oligarquías regionales, como CiU, PNV o Coalición Canaria y ramificaciones del poder económico como las Cajas de Ahorros).

La idea de transversalidad en el post15M, pronunciada en primer lugar por el Partido X y popularizada después por Podemos; que ha hecho un uso intensivo de ella -especialmente por el ala errejonista-; no significa otra cosa que lo siguiente: no somos ajenos al universo conceptual y emocional de la izquierda y la tradición progresista, que sin duda atraviesa nuestras formas de hacer y nuestro horizonte político. Sin embargo, en la situación actual del estado español, identificado el R78 como el bloque dominante, la lógica histórica adherida al eje izquierda-derecha es funcional al funcionamiento de la lógica especular del bipartidismo, sobre el cual descansa la continuidad política de las condiciones de dominio de aquel. Y por tanto no es funcional a un proyecto de construcción política que toma a aquel como su adversario ni recoge correctamente los vectores de confrontación sobre los cuales se está articulando la contestación social a aquel, en el 15M y el post-15M, que exceden y dinamitan los marcos sobre el que tradicionalmente se ha articulado en el estado español el eje izquierda-derecha.

El manido ni de izquierdas ni de derechas durante estos años no ha consistido en absoluto en algo así como una apelación post-falangista a un tercera vía, sino en una forma primaria de expresión del rechazo al el elenco de soluciones y alternativas posibles dentro de la lógica del bipartidismo.

Sin embargo, durante los dos últimos años, con la constitución de formas partidarias surgidas herederas o inspiradas por el 15M -Podemos y las plataformas municipalistas- que han accedido a los órganos de gobierno y representación institucional, la orientación política y discursiva articulada sobre el eje izquierda-derecha ha resurgido con fuerza, desplazando en determinadas ocasiones y con una cierta tendencia a consolidarse, el eje político nativo del cambio.

Elementos subjetivos aparte este renacimiento o resurrección es coherente (que no quiere decir que nos guste) con la aritmética política existente (la suma de votos necesaria para impulsar una ley o política en los congresos, diputaciones y ayuntamientos) emergida de las elecciones municipales de 2015 y las repetidas elecciones nacionales.

La confrontación con el Partido Popular, como partido en el gobierno responsable de la aplicación de las medidas de austeridad más duras (aunque no debamos dejar de recordar la actuación del gobierno zapatero) y ala dura neoliberal del R78, y principal fuerza de oposición en la mayoría de instituciones autonómicas municipales (allí donde no gobierna), ha conformado un bloque de votos similar al que se conformaba tradicionalmente en torno al eje izquierda-derecha que estructuraba la aritmética parlamentaria y plenaria, con la sola novedad de la adición de Ciudadanos y las fuerzas del cambio a la suma.

La situación es la siguiente: por un lado el caso de C’s subordinado a la conducción política del PP, y por tanto formando parte del bloque de votos conservador dirigido por este. Por otro lado las fuerzas del cambio nos encontramos en dos situaciones diferentes pero que conducen, bien que mal, al mismo resultado: tener que sumar el voto al PSOE o tener que sumar los votos del PSOE.  Dando forma a un bloque de votos progresista por oposición al bloque de votos conservador.

O las fuerzas del cambio se encuentran en una situación subalterna en relación al PSOE (caso del Congreso de los Diputados y autonomías) y se encuentra en una difícil situación para eludir sumarse al bloque de votos progresista cuando presenta leyes contra el PP y sus políticas, o necesita contar con los votos del PSOE para llevar a cabo iniciativas propias. O se encuentra en posición dominante respecto del PSOE (caso de los ayuntamientos de las ciudades del cambio) pero donde requiere sin excepción sumar los votos de sus concejales y concejalas, junto al de otras fuerzas tradicionales progresistas, para llevar a cabo las iniciativas políticas que requieren mayoría plenaria, frente al voto negativo del PP y otras fuerzas conservadoras.

Sí es interesante la emergencia de un bloque de votos que bien podemos denominar el bloque de votos del R78 -conformado PP y PSOE, con la adición de C’s y otras fuerzas tradicionales- usualmente contra políticas o iniciativas de las fuerzas del cambio o favor de políticas de austeridad emanadas de la dirigencia europea (caso reforma constitucional del artículo 135). Esto es especialmente recurrente en el caso de los ayuntamientos gobernados por las plataformas municipalistas.

Sin embargo, pese que sitúa a la fuerzas del cambio precisamente en el eje sobre el que pensamos debería estar, dada la aritmética existente, las sitúa en minoría, conformando en todo caso bloque con fuerzas progresistas tradicionales consideradas a la izquierda del PSOE. Aparte de no ser funcional para lograr sacar políticas adelante que requieren mayorías plenarias -aunque visibilizar ese bloque de votos R78 es significativamente importante en determinadas ocasiones- termina en ocasiones, por las alianzas constituidas, retroalimentando la figura de un bloque de votos de izquierda, con la característica de la exclusión del PSOE.

Esto situación emplaza a las fuerzas del cambio en una difícil perspectiva. Pues la política implica la conformación de mayorías significativas. Si en la política de movimiento o extra-institucional estas mayorías significativas son expresivas, en la arena institucional-representativa las mayorías son aritméticas y están condicionadas por la suma de votos de las fuerzas representadas en la institución. Aunque la visibilización del bloque de votos del R78 sea comunicativa y políticamente relevante en la estrategía de las fuerzas del cambio, es difícil concebir algo diferente a que una reiterada exposición de la imposibilidad de sumar mayorías en torno a sus iniciativas va a penalizar a las fuerzas del cambio a medio plazo.

Esta lógica se alimenta y retroalimenta del refuerzo discursivo sobre el eje izquierda-derecha, por cuanto la conformación de estos bloques de votos necesarios, requieren de un discurso que los acompañe, teja y refuerce. Y es entonces donde el discurso de la izquierda contra la política neoliberal del PP aparece como el recurso más aparente, pero también el que las otras fuerzas demandan para sumar sus votos a las fuerzas del cambio. Cada paso -cada victoria- en esa dirección alimenta y refuerza la restauración del eje izquierda-derecha como el eje dominante que articula los discursos de las mayorías de votos lideradas por las fuerzas del cambio, o las cuales se suman.

En definitiva, las fuerzas del cambio estamos nadando en aguas ajenas. Dadas las condiciones objetivas en las que se encuentran nuestros aparatos institucionales, la lógica y aritmética representativa nos obliga a encabalgarnos sobre el eje izquierda-derecha, que no sólo no es; como ya hemos remarcado; nuestro eje nativo, sino que resulta más funcional a la lógica de reproducción del R78 que a los proyectos políticos destinados a derrocarlo democráticamente.

Una distopía llamada Ciudadanos

 La pregunta es ¿podría haber sido de otro modo? El hecho es que existe un distopía llamada Ciudadanos que podría haber optado por una opción diferente a la de ser la muleta del bloque R78. Conformar algo así como la alternativa socioliberal entre las fuerzas del cambio (en vez de a las fuerzas del cambio). Una opción centrista (moderada en cuanto al alcance de las reformas), liberal en lo económico acompañado de un intervencionismo moderado en lo social, centralista respecto a la configuración del estado, pero con un proyecto reformista opuesto la conducción política continuista con el R78 y; aunque fuera del eje eurofóbico, como Podemos; contraría al vasallaje de nuestro pueblo a las políticas austericidas impulsadas por el mando financiero europeo.

Una distopía donde Ciudadanos, sumando sus votos a las fuerzas del cambio en una serie de cuestiones claves (en lo que afecta al ratio mínimo de reformas de la configuración y prácticas del estado español), da forma a la existencia de un bloque de votos antagonista del bloque del R78 que, aunque incapaz de superarlo debido a la aritmética existente, delimita y visibiliza la falsa oposición PP-PSOE. Alimentando políticamente un eje, distinto del eje izquierda-derecha -representado por dos bloques de votos conservador-progresista- que instaura una nueva dinámica parlamentaria y plenaria.

No ha ha sido así sin embargo. Y estas son las condiciones objetivas en las que las fuerzas del cambio estamos operando.

La conclusión es (quizás para muchos y muchas de nosotras) ligeramente amarga. Pues constatamos que, en las actuales circunstancias, a corto y medio plazo, se dan las condiciones objetivas para que progresivamente nos despeguemos de nuestro universo político propio y nos reintegremos en la lógica parlamentaria de izquierda derecha. Que le es más útil al R78 que a nosotros, en tanto nos aleja de nuestro lugar natural y nos subordina a sus lógicas tradicionales

Pero somos materialistas. Como consuelo -y porque siempre es buen momento- quizás podemos reflexionar sobre las palabras de Marx en los primeros párrafos del 18 de Brumario de Luis Bonaparte -que bien puede valer como definición del materialismo histórico-:

Los hombres construyen su propia historia, pero no la hacen en condiciones arbitrariamente elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.

 

 

El lugar del sorteo (Notas sobre democracia)

Acerca del árticulo

Este árticulo pretende ser un borrador abierto a la discusión, comentarios, sugerencias, correcciones y mejora, a través de la discusión. Por favor, si tienes una aportación házmela llegar. Sera bien recibida.
Si lo deseas puedes descargarlo en .pdf: El lugar del sorteo.

Una pregunta introductoria

Bernard Manin, en su excelente “Los Principios del Gobierno Representativo”, se plantea una pregunta relevante, tanto para los historiadores políticos contemporáneos como para el pensamiento democrático radical del siglo XXI.

La cuestión es la siguiente ¿Porqué, si la cuestión del sorteo, desde Platón hasta Rousseau, es un topos clásico del pensamiento político republicano[1], no sólo como parte del catálogo de procedimientos democráticos existentes, sino particularmente, como el procedimiento democrático por excelencia[2], sólo una generación después del filósofo francés, tanto en el proceso revolucionario constituyente francés como estadounidense[3], el lugar de éste -el sorteo- se encuentra absolutamente ausente tanto de la definición sistémica de los procedimientos de las nuevas repúblicas, como; salvó anecdóticas contribuciones; del propio proceso de discusión política que lo acompañó[4]?

O dicho de otro modo. ¿Por qué después de tanto tiempo, el lugar del sorteo en la democracia contemporánea ha sido el del olvido?

Una elisión que no sólo constituyó a la elección como el procedimiento por excelencia de la democracia en sentido contemporáneo, sino que ha borrado prácticamente la memoria del lugar del sorteo en el catálogo de procedimientos democráticos, hasta el punto de llegar a conferir al sorteo el carácter radicalmente  excéntrico[5] que posee actualmente.

Breve addenda

Por profundizar la cuestión: la cuestión del sorteo en los sistemas políticos republicanos (en sentido amplio) no era sólo un lugar en la literatura filosófica, como memoria de la democracia antigua de los atenienses. Era un procedimiento vivo y extendido a lo largo de siglos. El  ejemplo más canónico quizás sea el de las distintas constituciones (en sentido laxo) de la República Florentina entre los siglos XIV y XVI. Pero también nos encontramos en la Corona de Aragón -y posteriormente en otros Reinos peninsulares- con que el procedimiento de insaculación  -por el cual el nombre de los aspirantes era introducido en una cédula de pergamino con la que, recubierta de cera, se formaba una bola (denominada teruelo o redolino) y era introducida en un saco por cada uno de los oficios o grados[6]– fue el procedimiento más extendido de selección de los cargos de Alcalde y Regidores de los municipios, desde el siglo XIV hasta un momento tan tardío como la abolición de los Decretos de Nueva Planta.

 

Bolsa insaculación

Síntesis de la cuestión

La pregunta enunciada es en exceso larga. Pero sintetiza el mapa de cuestiones que, de algún modo, constituyen el problema el que nos ocupamos. Aún a riesgo de repetir, y con ánimo de sentar la mayor claridad posible, voy a enumerarlas en forma de una secuencia de tesis:

  1. El lugar del sorteo en el catálogo de procedimientos democráticos ha sido un lugar común y recurrente en el pensamiento político desde el siglo V a.n.e. hasta el siglo XVIII.
  2. El sorteo era, en relación a la elección, considerado como el procedimiento democrático por excelencia en las democracias antiguas.
  3. Sin embargo la cuestión del sorteo como procedimiento democrático se encuentra ausente, tanto en la sistematización como en la propia tematización de los procesos revolucionarios constituyentes del siglo XVIII.
  4. Actualmente el sorteo como parte del catálogo de procedimientos democráticos tiene un carácter extemporáneo y excéntrico.

Ocuparnos del lugar del sorteo en la democracia no es detenernos en una nota a pie de página de nuestra historia política. Antes bien, en la medida en que el pensamiento democrático radical del siglo XXI ha recuperado la cuestión del sorteo y sus posibilidad como mecanismo de refuerzo de la democracia, ocuparnos de esta cuestión es determinar las condiciones materiales en las que este mecanismo puede hoy reintegrarse en nuestros sistemas políticos.

El lugar del olvido

La pregunta que corresponde hacernos es, precisamente, el porqué de ese olvido del papel del sorteo en la memoria democrática.

Es decir, ¿por qué las democracias nacientes no incorporaron mecanismos de sorteo entre los procedimientos? ¿por qué su memoria ha sido prácticamente borrada?

Siguiendo a Manin y a otros podemos apuntar a una serie de razones:

  1. En primer lugar, que en el ánimo de los padres del constitucionalismo contemporáneo (las tres revoluciones políticas inglesa, francesa, y estadounidense), que solemos considerar la base de la democracias actuales, no estaba propiamente el de fundar democracias (en el sentido que para una persona de los siglo XVII y XVIII tendría la palabra “democracia”, es decir, las democracias históricas, fundamentalmente la ateniense clásica). No les era desconocida, como no les era desconocido el papel del sorteo en las democracias históricas. Ni mucho menos. Antes bien consideraban que las repúblicas que estaban fundando era un sistema diferente, y mejor, que la democracia (valgan como ejemplo Sieyes y Madison).
    Tampoco, ni sus tipos ideales ni sus principales referentes históricos[7],: Roma y las repúblicas italianas[8] (a excepción de algunos pasajes de la historia florentina), particularmente la Serenísima República de Venecia[9], constituyen ejemplos de los que hoy, y entonces, caracterizamos propiamente como democracias. De una y otra fascina lo que se considera su estabilidad y respecto de ambas, y se valora que aquella depende de la constitución mixta de su andamiaje político institucional[10].
  2. En segundo lugar, como se ha señalada, el papel del sorteo como procedimiento democrático, es un topos clásico del pensamiento político. Pero también es cierto que en el cauce principal de esa tradición intertextual que llamamos filosofía[11]– en este caso, política- podemos identificar también en la contraposición valorativa de los efectos del sorteo y la elección una cierta hostilidad que juega en contra del primero. Platón, Aristóteles, Polibio, Cicerón, Contarini, Giannotti Guicciardini, Althusius, Harrington, de un modo más ambiguos Montesquieu y Rousseau, claramente hostiles Sieyes y Madison, por no hablar de Burke, sólo son unos pocos pero relevantes ejemplos. Un desarrollo más extenso de esta cuestión requerirá otro momento. Pero en todo caso debemos contemplar que, en relación a la pregunta que nos hacíamos al principio, llegamos a ese punto con una amplia tradición de pensamiento que va declinando progresivamente a favor del procedimiento de elección en contra del procedimiento del sorteo.
  3. En tercer lugar, si las dos razones aducidas anteriormente tienen que ver con lo que podemos denominar los aparatos ideológicos, debemos señalar ahora al proceso histórico de constitución material de los sistemas políticos. Los mimbres de los sistemas actualmente caracterizados como democráticos se fraguaron en un proceso de varios siglos de conflicto contra el régimen político de dominio feudal y el antiguo régimen. Pero esto significa también que el conflicto se fraguó en la disputa sobre (en la doble acepción de  “encima de” como “acerca de”) los propios aparatos de dominio del feudalismo y el antiguo régimen. Fueron así, elementos derivados del sistema político del antiguo régimen; los que acabaron conformando el núcleo de andamieaje de los sistemas que andando la historia identificamos con los sistemas democráticos actuales: parlamentarismo, separación de poderes, constitucionalismo, habeas corpus, consentimiento de los gobernados. La mayoría de estos elementos son extemporáneos a las democracias históricas, incluso a la historia republicana.
  4. Particularmente el último elemento señalado es de extraordinaria relevancia para tratar de responder a nuestra pregunta acerca del olvido del sorteo. El consentimiento es el principio de legitimidad de la democracia contemporánea; incluso en un sentido amplio el principio de legitimidad de todo sistema político contemporáneo. El corazón de piedra de nuestro universo simbólico político. Si la libertad de los antiguos, por utilizar una figura clásica de este debate, consiste en el poder de participar de la vida política  ho boulomenos (aquel que lo desee) la libertad de los modernos consiste en someterse a las leyes y gobiernos que libremente han consentido. Sigamos una breve secuencia de citas:

    Esto es, por tanto,  la verdadera libertad , esto es igualdad en una república; no tener que temer la violencia o la maldad de nadie y gozar de la igualdad entre lo ciudadanos ante la ley y la participación en los cargos públicos (Leonardo Bruno Panegeríco de Nanni degli Strozzi , 1428)

    Todo hombre que vaya a vivir bajo un gobierno debe primero consentir en someterse a tal gobierno (Rainsborough, 1674)

    Así, lo que origina y de hecho constituye una sociedad política cualquiera, no es otra cosa que el consentimiento de una pluralidad de hombres libres que aceptan la regla de la mayoría y que acuerdan unirse e incorporarse a dicha sociedad. Eso es, y solamente eso, lo que pudo dar origen a los gobiernos legales del mundo (Locke. Segundo Tratado sobre el Gobierno cap. VIII. 1689).

    Todos los ciudadanos tienen el derecho a participar, individualmente o a través de sus representantes, en la formación de las leyes y someterse sólo a aquellas en las que hayan consentido libremente (Thouret. Project de Déclaration des droits de lhomme en société  1789)

    Podríamos concluir con el Prefacio de la Declaración de Independencia de Jefferson, uno de los textos políticos más hermosos jamás escritos.  Es interesante la inclusión del primer texto, un autor de la República Florentina en el siglo XV. Podríamos situarlo como el limes entre estas dos concepciones de la libertad (y de lo que va constituir sustantivamente una democracia). En relación al cual la centralidad del acto de consentimiento, fraguado en la lucha contra el poder feudal y del antiguo régimen, como elemento de limitación de la autocracia real, va cogiendo consistencia.

    Así pues, la legitimidad de la democracias pre-modernas se funda en participación ho bolulomenos de los hombres libres en las instituciones política. En la democracia contemporánea en el consentimiento de ley. Son dos elementos radicalmente extemporáneos, pero intuimos que sobre ese eje ha pivotado ese deslizamiento por el cual el procedimiento por excelencia que caracteriza la democracia pasó de ser el sorteo, para convertirse en la elección.

    Al fin y al cabo el consentimiento es un tipo de acto. Que en el sorteo queda elidido por completo. No así en el procedimiento de elección, donde el acto de elegir es el acto de otorgar el consentimiento, y de cierto modo simbólico, un acuerdo entre partes, en las que se transfiere libremente la soberanía y se consiente su uso. El sorteo se incardina en otro mundo, en el gobernar y ser gobernado es derecho de todos los hombres libres. Así podemos entender que Aristóteles señale que:

    Un rasgo de la libertad (eleutheria) es el de ser gobernado y gobernar alternativamente (en merei archesthai kai archein) (Aristóteles Política VI 2, 1317a 40-1317b 2.

    En virtud de lo cual …la excelencia de un ciudadano es la de ser capaz de mandar bien y obedecer bien (to dynastahai kai archein kai archesthai kalos) (Aristóteles, Política III 1277a 27).

    Bien lejos queda de una definición contemporánea, como la de Madison:

    El propósito de toda constitución política es, o debe ser, primero, obtener como gobernantes a los hombres de mayor sabiduría o discernimiento y mayor virtud para perseguir el bien común en la sociedad. Y en segundo lugar, que tome las más eficaces precauciones para mantenerlos virtuosos mientras sigan conservando la confianza pública. La política característica del gobierno republicano es lograr gobernantes mediante elecciones (Madison. Federaslist 57)

Redolino

Redolino

Conclusiones

Esta es la historia del olvido. Del olvido del lugar que ocupó una vez el sorteo en el podio de los procedimientos democráticos. Quedó eclipsado: manifiestamente inapropiado, dados los objetivos  que los agentes trataban de lograr y las creencias dominantes sobre la legitimidad política[12]. Este es el contexto y el fondo que constituye la realidad sobre la que tenemos que trabajar, si queremos revivirlo de nuevo.

Sintéticamente hemos aducido un conjunto de razones que tratan de situar históricamente esta omisión:

  1. Cuestiones relacionadas con los aparatos ideológicos. Hemos señalado dos. Una de tipo general  (la existencia de una larga tradición en la literatura política canónica de desprecio de la democracia –el odio a la democracia podemos decir, parafraseando a Ranciere- y por tanto, del sorteo, identificado como el procedimiento democrático per se) y una de tipo particular (los intereses y objetivos manifiestos de los actores hegemónicos en el parto del orden político contemporáneo).
  2. Cuestiones relacionadas con el proceso histórico de constitución material de este orden político. Los órdenes políticos no surgen ex nihilo , sino en relación a procesos históricos concretos, y dan respuesta -y son actualizados- en relación a problemas y conflictos situados (aunque se configuren como tipos ideales).El problema general en torno al que se articularon los procesos que dieron lugar al orden político contemporáneo fue la limitación del poder soberano y su sujeción a la voluntad de la nación.Manin señala que respecto a este problema, la cuestión del modo de reparto de los cargos políticos apareció como secundario.Sin embargo he considerado conveniente señalar la importancia de algo que Manin sólo apunta muy tímidamente:  el peso del origen medieval de los elementos constituyentes de la democracia contemporánea.Como he señalado la revuelta contra el orden feudal[13] fue realizada, fundamentalmente, dentro del propio orden feudal, en respuesta y relación a sus instituciones, problemas, y marco conceptual.La teoría ascendente del poder – el principio por el cual la legitimidad del poder soberano (Pars Principans) emana de la voluntad del pueblo (Universitas Civium) en virtud de un pacto y necesidad comúnfue una de las innovaciones, junto al Derecho y el Estado, de la que se valió la institución monárquica tardomedieval para imponer su hegemonía, frente al orden que se le oponía en esta pretensión, por un lado el poder autónomo y centrífugo de la nobleza feudal y por otro el Papado y el Imperio[14].  Este principio, tan natural para nosotros y nosotras, fue desarrollado en primer lugar por una aparato de juristas seculares, congregados en torno a la corte francesa en el siglo XIV, con Marsilio de Padua como principal exponente. Aunque estas ideas tardarán tiempo en consolidarse, dan índice de lo profundamente implicadas que se encuentran en la problemática del orden político feudal, y del modo como cargan tanto semántica como históricamente, con una trayectoria mucho más lejana en el tiempo de lo que consideramos usualmente.Es importante, para el contexto que estamos tratando de exponer en relación a la pregunta que nos hacíamos, que el poder soberano; o más concretamente, el poder de los soberanos; estuvo siempre; salvo muy contados momentos; limitado en diversos grados. De todo el complejo institucional del que podían emanar limitaciones destaca, por su papel político y la relación conflictual que mantuvieron en muy distintas ocasiones con el poder soberano, los Parlamentos y Cortes, los órganos de representación estamental de los distinto reinos. A los cuales, con reticencias, los soberanos se vieron obligados a recurrir como medio para conseguir impuestos y levas, y en contrapartida aceptar en distintos casos las demandas emanadas de la conflictividad social allí representada (de manera desigual y de desiguales maneras en los distinto territorio)[15].Más señalado resulta, para lo que nos ocupa,que dos de las tres revoluciones contemporáneas[16], la inglesa y la francesa, se dispararon con motivo convocatoria de parlamento, derivada en un conflicto entre este y el monarca; culminando ambas en la decapitación del mismo; y la tercera, la americana, naciera por un conflicto por la representación de las colonias en el Parlamento británico (sin representación no hay impuestos).En este sentido, el lugar mismo de las Revoluciones, una institución con una larga tradición, representativa y delegativa, se convirtió en el espacio simbólico central de las democracias contemporáneas parlamentarias.En el fondo el orden político contemporáneo no realizó demasiadas innovaciones -aunque las que introdujo son de gran calado-, sustituir el cuerpo individual del soberano por un órgano colectivo, colegiado y electivo. O lo que es lo mismo, transferir el poder soberano del cuerpo real al propio parlamento. Por lo demás, el principio material e ideológico de legitimación, el pacto fundante entre sociedad y soberano, el aparato de estado, etc. venía con aquel.En este lugar, el sorteo no jugaba ningún papel relevante o no jugaba ningún papel en absoluto. No tenía una expresión institucional concreta que pudiera heredarse, como se heredó el grueso del aparataje institucional feudal.  Ni respondía a los problemas en torno a los cuales se articulaba el nuevo orden naciente.

    ADDENDA

    Gracias a Pablo Lópiz, a raíz de nuestras conversaciones surgió este comentario.

     

    A la cuestión que guía este artículo ¿por qué el sorteo, cuya identidad con la democracia era topos reconocido del pensamiento político, no jugó ningún papel en el orden político nacido de las revoluciones contemporáneas? podemos añadir otra; que había apuntado antes muy brevemente; y que abunda en la conclusión señalada en este apartado.

    El contexto referido no fue, ni política ni intelectualmente, homogéneo. Antes bien vivió la pugna entre diversas corrientes, modelos y referentes. Podría ser que pudiéramos predicar las tesis expuestas acerca del no-lugar del sorteo en la versión; llamémosla; vencedora, el parlamentarismo representativo liberal.

    Y sin embargo; esta es la cuestión; ¿por qué no jugó tampoco ningún papel relevante en los corpus teóricos y las prácticas de las versiones alternativas? Salvo algunos episodios del pensamiento socialista del siglo XIX, no lo encontramos en los sectores radicales de la revolución inglesa, ni entre jacobino y cordeliers; que sostenían una concepción anti representativa de la democracia. Ni posteriormente en el grueso del pensamiento socialista y radical, hasta tiempos relativamente recientes, en el cual el procedimiento del sorteo en democracia está cogiendo peso y relevancia, aunque sea de manera marginal en el contexto del pensamiento democrático radical del siglo XXI.

  3. En último lugar, siguiendo a Manin, el conflicto entre el sorteo como procedimiento y el principio de consentimiento, como núcleo central de legitimidad de la democracia contemporánea.Cuestión que deriva de la anterior, pero que por su especificidad, merece ser tratada a parte.En relación a su génesis, no podemos dejar de apuntar hacia donde ya hemos señalado. En la concepción de una justificación ascendente del poder que tiene, como principio de legitimidad, el pacto entre la sociedad y el soberano, por la cual la primera mandata en el segundo su poder, y que mutuamente se encuentran limitados y fijados por este pacto fundante. Concepción que posteriormente será reformulada en los términos conocidos del contrato social dándole su forma específicamente contemporánea.Porqué esto es así y porqué es importante para la que nos ocupa, tiene mucho que ver con lo siguiente. El concepto de pueblo o nación, como emanación política de una sociedad homogénea, en tanto implica la la igualdad abstracta de los ciudadanos, son  conceptos radicalmente ajenos a la mentalidad antigua y medieval -es decir, las épocas contemporáneas a lo que hemos denominado las democracia históricas. Es una idea específicamente moderna (como moderna es su formulación en la letra de un pensador medieval como Marsilio de Padua).Podemos pensar que la importancia específica del reparto político, que está directamente implicada en la cuestión del sorteo, fue tanto más importante para los antiguos y medievales en la medida en que concebian sus sociedades explícitamente atravesadas por diferencias y desigualdades, de riqueza, de capacidad y de honor. Desde el siglo de Pericles hasta el de Maquiavelo, el orden social era considerado -y configurado- por la existencia y conflicto entre los diferentes estados que componían el mismo. Es decir, la sociedad era pensada como atravesada por realidades materiales y espirituales distintas y separadas.La krasis -fusión de componentes idéntico- propia de la concepción social contemporánea era ajena a la mentalidad de aquellos. El acceso a los cargos públicos como principio de legitimidad, cobra tanta más importancia, especialmente para el popolo minuto, por cuanto de lo que se trata es de que todos los ciudadanos encuentren acomodo en el orden institucional de la república, no en virtud de su igualdad, sino precisamente, a pesar de sus diferencias.

Cierre y despedida

No es una cuestión de la historia de los sistemas políticos. Un entretenimiento historiográfico. Plantear la cuestión del sorteo tal como lo he hecho pretende, por el contrario, realizar una intervención en el presente. Delimitar, a través de un recorrido histórico y conceptual, una serie de cuestiones y problemas que afectan a la cuestión del sorteo en este presente que habitamos.

Precisamente lo que tenemos que situar es que cuanto de este pasado hay hoy en él. ¿A qué problemas -nuevos y viejos- nos enfrentamos y qué tecnologías democráticas son capaces de darles respuesta? ¿Cual es el lugar del sorteo en relación a estos problemas? ¿Cómo es la composición material, en el sentido más amplio, de nuestras sociedades y órdenes políticos? ¿Como superar siglos de olvido? ¿Y lo más importante, las razones de ese olvido? Es ha sido mi intención. Quedo a la espera de las contribuciones que enriquezcan este trabajo.


[1] Entendido en un sentido amplio como aquel que se ha ocupado de la existencia y funcionamiento de las repúblicas.

[2] Teniendo la elección –elección por selección en la gramática filosófica de Rousseau- la consideración de un procedimiento con un carácter aristocrático y oligárquico.

[3] Usualmente consideradas a la base de la configuración de los sistemas políticos actualmente considerados democráticos, junto al constitucionalismo inglés.

[4] Y que fue, en todo sentido, amplio, rico y variado, tanto en los tema que fueron abordados como las posiciones desde las que se abordó.

[5] En el doble sentido de freak y al mismo tiempo de estar en conflicto con el núcleo de la democracia en sentido contemporáneo.

[6] Insaculación; voz en la Gran Enciclopedia Aragonesa, y Wikipedia.org.
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=7115

https://es.wikipedia.org/wiki/Insaculaci%C3%B3n

[7] Al menos de la versión que acabaría ganando, la liberal representativa, aunque tampoco en la versión jacobina encontramos alternativas.

[8] Que no debemos identificar sólo con el actual espacio del estado italiano, sino con el arco adriático, hasta la República de Ragusa (actual Dubrovnik).

[9] En la que sin embargo el papel del sorteo no era desconocido, aunque jugaba un papel marginal: a través de sorteo eran seleccionados los electores del Consejo.

[10] Según la caracterización inaugurada por Aristóteles y reutilizada por Polibio en su caracterización política de la República Romana.

[11] Hay otros cauces, secundarios, subterráneos a veces.

[12] Manin, B. Los principios del gobierno representativo. El triunfo de la elección. Alianza Editorial 1998

[13] In lato sensu, entendemos por orden feudal  un largo periodo de tiempo y régimenes, que engloba desde las postrimerías de la baja edad media hasta el ancienne régimen.

[14] Enfrentados a su vez entre sí, y que in embargo compartían como base de su legitimidad la justificación descendente del poder, derivado del mismo Dios Soberano. Justificación que sólo muy tardíamente será recuperada por el absolutismo.

[15] Señalado es el desprecio del Rey Católico, Fernando I de Aragón, por las instituciones propias de su Corona#, las Cortes (tanto particulares como generales) que tan gravosas resultaban, por su autonomía y derecho propio, a la voluntad soberana. No sorprende que los nuevos territorios que se sumarón al patrimonio real (el Reino Nazarí de Granada, los territorios americanos) fueron puestos bajo la advocación de las leyes castellanas, mucho más fáciles de controlar por parte de los monarcas. Y que en adelante fuera la corte castellana la que constituye el núcleo duro de la monarquía hispánica.

[16] Como ya hemos señalado, contemporáneas no por ser coetáneas de la contemporaneidad -es difícil encajar en ella la revolución inglesa- sino porque son fundantes de la misma.

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Los retos de la transformación digital de las AAPP: la soberanía tecnológica de las Administraciones Públicas

El pasado 24 de Febrero participe en el seminario, organizado por Socioinfo, La transformación digital de las Administraciones Públicas. Esta es la ponencia que defendí.

 

¿Cuales son los retos de la transformación digital de la Administraciones Públicas en Aragón, concretamente, en el Ayuntamiento de Zaragoza?

Desde las dos últimas décadas, se ha producido la (lenta) incorporación de medios electrónicos y digitales al trabajo de la administración (interno) y también a la relación con la ciudadanía (tramitación, facturación, etc.) este proceso ha sido lento, incompleto e ineficiente. Las razones para esto son muchas y complejas, y no siempre responden a cuestiones técnicas, sino a razones sociológicas/psicológicas del propio funcionamiento d ella administración (resistencia al cambio, resistencia al re diseño y estandarización de procedimientos, desempoderamiento tecnológico etc..)
Esto nos lleva a una situación en el presente con dos consecuencias, o disonancias que podemos detectar.

Primera la demanda creciente y efectiva por parte del la ciudadanía de una gestión más eficiente por medios digitales y electrónicos (digitales fundamentalmente) en el marco de una nueva cultura administrativa y política… Efectivamente la creciente y tendencialmente absoluta mediación de la relación ciudadana-administración a a través de medios y procesos digitales. ¿cual es la disonancia aquí? ¿que podemos detectar?

El gap aquí es el siguiente: nos enfrentamos a que la ciudadanía; en muchos casos; se encuentra más empoderada tecnológicamente que las administraciones con las que se relaciona.

Cuando hablamos de la transformación digital de las AAPP hablamos de la construcción de las infraestructuras digitales, electrónicas, en general de las infraestructuras tecnológicas de modernización del país. El lento despliegue y actualización de estas infraestructuras no permite acompasar con los medios necesarios las posibilidades políticas y tecnológicas que ofrece el presente y que lógicamente son demandadas por los ciudadanos. Por poner un ejemplo: la aplicación de la ley de transparencia choca con determinados escollos allí donde podemos identificar que ella misma presupone un desarrollo de la administración electrónica que no ha sucedido.

El segundo reto que me gustaría abordar es el de la soberanía tecnológica de las administraciones públicas y la importancia para las AAPP de trabajar con estándares abiertos y software libre. Querría contestar a tres preguntas o más bien cuando hablamos de soberanía tecnológica de las APP debemos ser capaces de enfrentar tres preguntas que muy rápidamente nos vienen a ocupar.

¿Que entendemos por “soberanía tecnológica”? ¿por que son importantes los estándares abiertos y el software libre para garantizar la “soberanía tecnológica” de las AAPP? ¿Por qué es relevante hoy día 24 de febrero poner de nuevo estas cuestiones, de las que se lleva hablando más de una década, en el centro de la discusión?

Entiendo que la soberanía o independencia tecnológica pasa por una apuesta decidida de las AAPP por un modelo de desarrollo de software comprometido con:

  • Ahorro

  • Seguridad

  • Competencia

  • Independencia

  • Seguridad

  • Resiliencia (adaptabilidad)

  • Economía local y regional

  • Empoderamiento uso TICS

La independencia tecnológica es una de las condiciones necesarias, que sitúa la dependencia de la administración respecto del software en el software mismo, y no respecto al proveedor de software. Lo cual permite garantizar la competitividad del mercado y cumplir lo que debería considerarse el autentico principio de la neutralidad tecnológica de la administración (contra algunas otras versiones de este concepto)

Más allá de la cuestión del coste económico (por otra parte evidente a medio plazo: 114vmillardos de euros/años en la UE) en la que demasiadas veces -en mi opinión de modo erróneo- se ha centrado políticamente la cuestión del software libre en relación a la administración; la cuestión de porque el software abierto y la producción de código en estándares abiertos es el único modelo que permite garantizar la soberanía tecnológica de las AAPP debe centrarse y poner en valor:

  • la protección al usuario

  • la auditoria pública del software

  • interoperatividad

  • transparencia

El desarrollo de software libre y estándares abiertos hace posible abordar real y efectivamente el reto de la interoperatividad de los sistemas de información públicos, la re utilización y re diseño de software publico, la prolongación de la vida útil del software y de los equipos (olvidamos a veces, y es también uno de los problemas que nos tenemos que ocupar, la implicación de adquisición de hardware: las especificaciones técnicas relativas a firmware, controladores etc)

La estandarización de recursos de uso colectivo debe definirse como una infraestructura clave de la sociedad del conocimiento europea, de la modernización de la administraciones publicas nacionales. El modelo de desarrollo abierto y colaborativo para y entre administraciones publicas; compartiendo recursos y desarrollos de código, haciendo interoperables los medios de información etc, es el recurso que puede hacer acelerar el lento desarrollo de la administración electrónica en nuestras administraciones.

Existe un valor agregado al software libre, que debe ser considerado con atención por parte de las administraciones locales, autonómicas y nacionales: la capacidad de impulsar en torno a los servicios de desarrollo, actualización y mantenimiento de software de las administraciones publicas la industria local y regional, haciendo posible la incorporación al mercado de muy distintos tipos de agentes económicos (pymes, medianas y grandes empresas). La dependencia de software y hardware extranjero es una de las principales retos incorporados a la agenda europea, pero cuya realización sólo va a poder ser posible capilarizando la intervención sobre el problema en las administraciones de proximidad.

Hablar de soberanía tecnológica de la administración pública no es hablar de una funcionarización de la producción de código, antes bien al contrario el modelo de producción abierto es un modelo comprometido con el desarrollo de un mercado local y regional de producción, mantenimiento y servicios de software. Competitivo, eficiente y con amplias oportunidades de generación de oportunidades de mercado. El uso de estándares abiertos y el acceso libre de las administraciones, empresas y ciudadanía a la documentación es un compromiso entre lo publico y la empresa privada responsable.

 

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Los retos de la transformación digital de las AAPP: la soberanía tecnológica de las Administraciones Públicas by Raúl Royo Fraguas is licensed under a Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional License.

Prototipos de gobierno colaborativo

El día 13/11/2014 fui invitado, junto a Miguel Aguilera (@pinkorad) por Nociones Comunes Zaragoza a participar en el curso “Municipalismo: El asalto ciudadano a lo local” en la sesión: 4º Asalto. Experiencias ciudadanas de gobierno local.

Esta sesión tenía como finalidad abrir la “imaginación institucional” ¿Qué ciudad podemos soñar? ¿de qué mecanismos democráticos podemos dotarnos para conseguirla y decidirla permanentemente? ¿como pensar y diseñar procesos y prototipos de gobierno colaborativo?

En ella realizamos un mapeo y análisis de prototipos  de  participación en la redacción de los programas por parte de la ciudadanía a través de experiencias que ya han sido puestas en marcha en distintos territorios como en Islandia, Brasil, Estonia…
Estos prototipos e ideas de gobierno colaborativo para la radicalización democrática comprenden dos dimensiones:
1. La performance instituyente. Elaboración colaborativa de programas políticos y listas ciudadanas.
2. Una gestión abierta y un gobierno colaborativo de la ciudad. Prototipos Better Reyjkyavik (elecciones locales de Islandia) y Gabinete Digital de Rio Grande do Sul
Esta es la presentación que utilizamos en la sesión (muy pronto estará también disponible el audio).