Cleavage o Clivaje (escisión o fisura) en ciencia política y sociología es un concepto, utilizado para el análisis de las tendencias de voto; se refiere a la división de los votantes en diferentes bloques separados por “escisiones” o “clivajes” (del inglés cleavage).

La hipótesis preliminar es que los votantes no se dividen de un modo predefinido en grupos a favor o en contra de un determinado tema. El análisis del voto asume que los votantes optan votar a un partido determinado por la solución u opción que éste toma respecto de una o varias cuestiones, eligiendo la opción que más se acerca a su propia postura. El clivaje es la escisión que separa a los votantes en defensores y adversarios de un tema en particular, y puede llevar a convertirlos en votantes de un partido determinado. Si se imaginan las diferentes posiciones políticas ante una cuestión como una línea horizontal, el clivaje sería la línea vertical que divide a los diferentes partidos políticos entre defensores y opositores a esa cuestión.

Fuente: Wikipedia. Clivaje (política)

https://es.wikipedia.org/wiki/Clivaje_(pol%C3%ADtica)

Creo que uno de las aspectos menos comentados de los efectos del ciclo de asalto institucional post-15M es una progresiva recuperación en el tiempo de la importancia relativa y la centralidad discursiva del eje izquierda-derecha (voy a usar eje como translación bastarda del concepto de clivaje). Precisamente respecto del que muchos consideramos el eje o clivaje nativo del 15M y la política del cambio en general: los de abajo contra los de arriba o, en una expresión con mayor densidad descriptiva y conceptual, la revuelta de los grupos sociales y generacionales damnificados por décadas de gobierno neoliberal contra los detentadores del poder responsables de la situación de desposesión de sus condiciones de vida agravada por la crisis.  

Identificados estos “detentadores del poder”, en un concepto que ha ganado fama y reconocimiento, como el Régimen del 78: el sistema de repartos políticos, económicos, culturales y sociales emergido del proceso de transición desde el franquismo y consolidado como un sistema oligárquico cerrado y progresivamente más desapegado en relación a su modo de vida e intereses del amplio conjunto de la población (que se identifica a sí misma como “ciudadanía”, en una versión plebeya del término por oposición a estas élites).

Un entramado de poder fuertemente entrelazado (de ahí la relevancia política que va a cobrar el concepto de “puertas giratorias”) identificado fundamentalmente con su brazo económico -el poder económico financiero-inmobiliario- representado por el IBEX35 y su brazo político, el bipartidismo conformado por el tándem PP-PSOE que ha dominado y sobredeterminado los mecanismos de poder en el estado español durante estos 38 años (sumando en determinados territorios otras siglas políticas donde se encuentran depositados los intereses y mecanismos de dominio de las oligarquías regionales, como CiU, PNV o Coalición Canaria y ramificaciones del poder económico como las Cajas de Ahorros).

La idea de transversalidad en el post15M, pronunciada en primer lugar por el Partido X y popularizada después por Podemos; que ha hecho un uso intensivo de ella -especialmente por el ala errejonista-; no significa otra cosa que lo siguiente: no somos ajenos al universo conceptual y emocional de la izquierda y la tradición progresista, que sin duda atraviesa nuestras formas de hacer y nuestro horizonte político. Sin embargo, en la situación actual del estado español, identificado el R78 como el bloque dominante, la lógica histórica adherida al eje izquierda-derecha es funcional al funcionamiento de la lógica especular del bipartidismo, sobre el cual descansa la continuidad política de las condiciones de dominio de aquel. Y por tanto no es funcional a un proyecto de construcción política que toma a aquel como su adversario ni recoge correctamente los vectores de confrontación sobre los cuales se está articulando la contestación social a aquel, en el 15M y el post-15M, que exceden y dinamitan los marcos sobre el que tradicionalmente se ha articulado en el estado español el eje izquierda-derecha.

El manido ni de izquierdas ni de derechas durante estos años no ha consistido en absoluto en algo así como una apelación post-falangista a un tercera vía, sino en una forma primaria de expresión del rechazo al el elenco de soluciones y alternativas posibles dentro de la lógica del bipartidismo.

Sin embargo, durante los dos últimos años, con la constitución de formas partidarias surgidas herederas o inspiradas por el 15M -Podemos y las plataformas municipalistas- que han accedido a los órganos de gobierno y representación institucional, la orientación política y discursiva articulada sobre el eje izquierda-derecha ha resurgido con fuerza, desplazando en determinadas ocasiones y con una cierta tendencia a consolidarse, el eje político nativo del cambio.

Elementos subjetivos aparte este renacimiento o resurrección es coherente (que no quiere decir que nos guste) con la aritmética política existente (la suma de votos necesaria para impulsar una ley o política en los congresos, diputaciones y ayuntamientos) emergida de las elecciones municipales de 2015 y las repetidas elecciones nacionales.

La confrontación con el Partido Popular, como partido en el gobierno responsable de la aplicación de las medidas de austeridad más duras (aunque no debamos dejar de recordar la actuación del gobierno zapatero) y ala dura neoliberal del R78, y principal fuerza de oposición en la mayoría de instituciones autonómicas municipales (allí donde no gobierna), ha conformado un bloque de votos similar al que se conformaba tradicionalmente en torno al eje izquierda-derecha que estructuraba la aritmética parlamentaria y plenaria, con la sola novedad de la adición de Ciudadanos y las fuerzas del cambio a la suma.

La situación es la siguiente: por un lado el caso de C’s subordinado a la conducción política del PP, y por tanto formando parte del bloque de votos conservador dirigido por este. Por otro lado las fuerzas del cambio nos encontramos en dos situaciones diferentes pero que conducen, bien que mal, al mismo resultado: tener que sumar el voto al PSOE o tener que sumar los votos del PSOE.  Dando forma a un bloque de votos progresista por oposición al bloque de votos conservador.

O las fuerzas del cambio se encuentran en una situación subalterna en relación al PSOE (caso del Congreso de los Diputados y autonomías) y se encuentra en una difícil situación para eludir sumarse al bloque de votos progresista cuando presenta leyes contra el PP y sus políticas, o necesita contar con los votos del PSOE para llevar a cabo iniciativas propias. O se encuentra en posición dominante respecto del PSOE (caso de los ayuntamientos de las ciudades del cambio) pero donde requiere sin excepción sumar los votos de sus concejales y concejalas, junto al de otras fuerzas tradicionales progresistas, para llevar a cabo las iniciativas políticas que requieren mayoría plenaria, frente al voto negativo del PP y otras fuerzas conservadoras.

Sí es interesante la emergencia de un bloque de votos que bien podemos denominar el bloque de votos del R78 -conformado PP y PSOE, con la adición de C’s y otras fuerzas tradicionales- usualmente contra políticas o iniciativas de las fuerzas del cambio o favor de políticas de austeridad emanadas de la dirigencia europea (caso reforma constitucional del artículo 135). Esto es especialmente recurrente en el caso de los ayuntamientos gobernados por las plataformas municipalistas.

Sin embargo, pese que sitúa a la fuerzas del cambio precisamente en el eje sobre el que pensamos debería estar, dada la aritmética existente, las sitúa en minoría, conformando en todo caso bloque con fuerzas progresistas tradicionales consideradas a la izquierda del PSOE. Aparte de no ser funcional para lograr sacar políticas adelante que requieren mayorías plenarias -aunque visibilizar ese bloque de votos R78 es significativamente importante en determinadas ocasiones- termina en ocasiones, por las alianzas constituidas, retroalimentando la figura de un bloque de votos de izquierda, con la característica de la exclusión del PSOE.

Esto situación emplaza a las fuerzas del cambio en una difícil perspectiva. Pues la política implica la conformación de mayorías significativas. Si en la política de movimiento o extra-institucional estas mayorías significativas son expresivas, en la arena institucional-representativa las mayorías son aritméticas y están condicionadas por la suma de votos de las fuerzas representadas en la institución. Aunque la visibilización del bloque de votos del R78 sea comunicativa y políticamente relevante en la estrategía de las fuerzas del cambio, es difícil concebir algo diferente a que una reiterada exposición de la imposibilidad de sumar mayorías en torno a sus iniciativas va a penalizar a las fuerzas del cambio a medio plazo.

Esta lógica se alimenta y retroalimenta del refuerzo discursivo sobre el eje izquierda-derecha, por cuanto la conformación de estos bloques de votos necesarios, requieren de un discurso que los acompañe, teja y refuerce. Y es entonces donde el discurso de la izquierda contra la política neoliberal del PP aparece como el recurso más aparente, pero también el que las otras fuerzas demandan para sumar sus votos a las fuerzas del cambio. Cada paso -cada victoria- en esa dirección alimenta y refuerza la restauración del eje izquierda-derecha como el eje dominante que articula los discursos de las mayorías de votos lideradas por las fuerzas del cambio, o las cuales se suman.

En definitiva, las fuerzas del cambio estamos nadando en aguas ajenas. Dadas las condiciones objetivas en las que se encuentran nuestros aparatos institucionales, la lógica y aritmética representativa nos obliga a encabalgarnos sobre el eje izquierda-derecha, que no sólo no es; como ya hemos remarcado; nuestro eje nativo, sino que resulta más funcional a la lógica de reproducción del R78 que a los proyectos políticos destinados a derrocarlo democráticamente.

Una distopía llamada Ciudadanos

 La pregunta es ¿podría haber sido de otro modo? El hecho es que existe un distopía llamada Ciudadanos que podría haber optado por una opción diferente a la de ser la muleta del bloque R78. Conformar algo así como la alternativa socioliberal entre las fuerzas del cambio (en vez de a las fuerzas del cambio). Una opción centrista (moderada en cuanto al alcance de las reformas), liberal en lo económico acompañado de un intervencionismo moderado en lo social, centralista respecto a la configuración del estado, pero con un proyecto reformista opuesto la conducción política continuista con el R78 y; aunque fuera del eje eurofóbico, como Podemos; contraría al vasallaje de nuestro pueblo a las políticas austericidas impulsadas por el mando financiero europeo.

Una distopía donde Ciudadanos, sumando sus votos a las fuerzas del cambio en una serie de cuestiones claves (en lo que afecta al ratio mínimo de reformas de la configuración y prácticas del estado español), da forma a la existencia de un bloque de votos antagonista del bloque del R78 que, aunque incapaz de superarlo debido a la aritmética existente, delimita y visibiliza la falsa oposición PP-PSOE. Alimentando políticamente un eje, distinto del eje izquierda-derecha -representado por dos bloques de votos conservador-progresista- que instaura una nueva dinámica parlamentaria y plenaria.

No ha ha sido así sin embargo. Y estas son las condiciones objetivas en las que las fuerzas del cambio estamos operando.

La conclusión es (quizás para muchos y muchas de nosotras) ligeramente amarga. Pues constatamos que, en las actuales circunstancias, a corto y medio plazo, se dan las condiciones objetivas para que progresivamente nos despeguemos de nuestro universo político propio y nos reintegremos en la lógica parlamentaria de izquierda derecha. Que le es más útil al R78 que a nosotros, en tanto nos aleja de nuestro lugar natural y nos subordina a sus lógicas tradicionales

Pero somos materialistas. Como consuelo -y porque siempre es buen momento- quizás podemos reflexionar sobre las palabras de Marx en los primeros párrafos del 18 de Brumario de Luis Bonaparte -que bien puede valer como definición del materialismo histórico-:

Los hombres construyen su propia historia, pero no la hacen en condiciones arbitrariamente elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos.