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Blog personal de Raúl Royo

El otro día, con gran acogida en las redes sociales, El Salto publicaba un interesantísmo articulo de WuMing 1 acerca del problema del fascismo en nuestros días. Más que recomendable su lectura, por la sagacidad y la profundidad con la que WuMing 1 es capaz de abordar un tema tan complejo y sensible.

No obstante a la brillantez del texto creo que compramos, a menudo, demasiado pronto, que los problemas que el fascismo significa y articula para desplegar su estrategia son, simplemente, falsos problemas.

El fascismo es un dispositivo que fabrica continuamente falsos problemas — y falsas soluciones a esos problemas, por lo tanto, falsas al cuadrado. El fascismo es una 'máquina mitológica' que produce noticias falsas diversivas, que identifica enemigos ficticios, que señala chivos expiatorios. El fascismo intercepta pulsiones y energías —malcontento, ganas de gritar, de rebelarse, de organizarse, de hacer cosas en común— y las canaliza hacia conflictos sucedáneos, y así, las disgrega, las disipa.

Wuming 1: Antifascismo y anticapitalismo en la Italia de hoy. Notas sobre el conflicto sucedáneo y el verdadero

Ninguna política emancipatoria digna de tal nombre puede tomar como punto de partida que la gente es imbecil. El problema, es cierto, es que por doquier encontramos enormes cantidades de evidencia empírica que nos hacen creer lo contrario. Así que simplemente nos vemos obligados a tomar esta afirmación como un principio dogmático, pero un principio radicalmente importante.

Creo enormemente peligroso, y estratégicamente nefasto, tomar como punto de partida que los fenómenos, sobre los cuales el fascismo y la reacción conservadora (que, tanto en el primer tercio del siglo XX como ahora, no son lo mismo y al mismo tiempo se encabalgan) ancla y despliega su estrategia, sean, simplemente, falsos problemas. No lo son en general.

ACLARACIÓN: podría ser que la discusión que aquí sostenemos sea simplemente un problema del lenguaje. Que no señalamos a lo mismo con las palabras “problema” y “solución”. Efectivamente, si consideramos que el racismo es el problema al que el fascismo responde, el racismo es un falso problema.

Por el contrario, el racismo es una solución fascista a un problema: la competencia horizontal entre trabajadores/as en un contexto en el que tanto el acceso al salario como los mecanismos redistributivos se han convertido en un bien escaso por el cual se debe competir.

Volvamos al punto. Si respetemos la definición de WuMing 1, sería más interesante decir el fascismo y la reacción conservadora son respuestas falsas a problemas verdaderos.

Cuyo funcionamiento reside efectivamente, como señala Wuming 1, en desplazar el marco problemático desde lo económico, lo social y los conflictos redistributivos hacia el ámbito de los valores, la cultura como Volkgeist y las identidades.

Y sin embargo, no podemos deshacernos de la sensación de que en los problemas que el fascismo y la revolución conservadora plantea, hay algo -o mucho- de impostura, de falsedad-

La cuestión es que, si son problemas verdaderos, son, en su problematización, exagerados. La falsedad que percibimos, en relación a los problemas que el fascismo señala sin cesar, es cuestión de la escala a la que se sitúan. De su inflación.

Frustraciones y humillaciones de la vida cotidiana, disfunciones de la convivencia, la inevitable decepción de la vida política, los efectos de la alienación del trabajo, el consumo y el espectáculo, etc… elevados a la escala de problemas estructurales mientras se desplazan o aplazan conflictos sobre auténticos problemas estructurales. La naturaleza opresiva de la relación capital-trabajo, la degradación de las condiciones de existencia, la evisceración de los mecanismos democráticos y de soberanía, la destrucción del medioambiente...

Son problemas exagerados pero reales al fin y al cabo. Despreciarlos  no contribuye sino a alimentar la fábrica de pasiones tristes que es el fascismo y la reacción conservadora.

Deberíamos ser capaces de reubicarlos, dotar de sentido a relatos en los que aparecen, efectivamente, como desplazamientos de un objeto traumático A un objeto B, articular una vivencia colectiva, no despreciar la rabia y la frustración, sino ser capaces de convertirla en una pasión productiva.