El devenir -aquello que ya-estamos-siendo- es como la orilla sobre la que rompe la marea.

La historia es, precisamente, la marea. Que nos arrastra, que nos empuja y traslada hacía la orilla, pero también el reflujo que nos aleja de ella.

La actualidad sería quizás la ola sobre las que nos encontramos nosotros/as. Navegantes de un barquito hecho de cascara de nuez.