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Blog personal de Raúl Royo

Dos críticas a la Renta Básica Universal a las que deberíamos hacer caso

  1. Son tres las críticas más importantes que, desde la izquierda, se realizan a la Renta Básica Universal (fundamentalmente por los representantes de la Nueva Teoría Monetaria). Dos de ellas deberían ser tomadas en consideración por parte de cualquier defensor de la Renta Básica Universal (puntos 2 y 3). Sin embargo la tercera es un gran WTF (punto 5 en adelante).
  2. Primera crítica: que la Renta Básica Universal puede funcionar como caballo de Troya del neoliberalismo.

    Es cierto. No debemos de dejar de preocuparnos por ello. Hay una versión neoliberal de la Renta Básica Universal. Como toda política redistributiva es un campo de batalla que se dirime en una correlación de fuerzas.

    Así, no puede defenderse una Renta Básica Universal -como por otra parte los principales defensores de la misma no dejan de hacer- sin defender también otra serie de mecanismos de aseguración colectiva y social -los llamados “servicios del bienestar”.

    Renta Básica Universal si ¿pero a cambio de que? A cambio de nada. Renta Básica Universal y servicios del bienestar. Educación y sanidad universales y gratuitos. Sólo así podemos evitar la captura neoliberal de la RBU.

  3. Segunda. Tienen razón también los críticos NMT de la Renta Básica Universal cuando anuncian que esta no puede funcionar cuando no se disponen de elementos de soberanía fiscal y monetaria. Cierto es también: la gran contra-arma de la RBU es la inflación. O se disponen de mecanismos soberanos de control de la inflación así como de los precios del trabajo o difícilmente la RBU puede servir al objetivo de una cierta emancipación y corrección positiva de la relación de fuerzas capital-trabajo.
  4. Por último; y aunque no sea en sí mismo un argumento; deberíamos hacer caso a algunos de los críticos y dejar de nombrar la robotización y la automatización del trabajo como razones supuestamente “objetivas” de la necesidad de implementar una política de Renta Básica Universal.

    La fantasía de la maquinización total es contemporáneo a la propia historia del capitalismo y da un poco de vergüenza ajena, haciéndonos un flaco favor.

    De hecho, es una fantasía que en cierta medida no ha dejado de cumplirse sin que por ello la función estructural del trabajo asalariado haya dejado de estar presente. ¿Por qué? Hay algo parecido a una respuesta en el punto 6.

    Y una a la que no

  5. Llegamos aquí al tercer argumento: una defensa acérrima de las virtudes cívicas y morales del trabajo asalariado, al que los críticos de izquierda de la Renta Básica Universal dedican -no deja de ser sorprendente- una gran cantidad de esfuerzo y energías.La vida salarial es, defienden, un elemento estructural absolutamente central en la construcción social del “yo mismo”, vehículo de realización y reconocimiento de los individuo, estímulo y lazo de construcción de la comunidad y realización de la vida civil.

    Sin el recurso obligatorio al trabajo asalariado capas enteras de población, temen, caerían en una suerte de anomia moral y cívica. En palabras de algunos de los críticos se verían reducidas a una “minoría de edad”.

  6. Aquí los críticos de izquierda de la Renta Básica Universal redescubren -lo que no deja de sorprender de aquellos que critican a aquella como un posible caballo de Troya neoliberal- un viejo lugar del pensamiento reaccionario: que el trabajo posee no sólo cualidades productivas sino, todavía más allá, excelentes virtudes moralizantes y disciplinarias.Hay quien se atreve a señalar incluso que la insistente permanencia del trabajo asalariado responde a una lógica de reproducción social por la cual no se ha conseguido diseñar un mecanismo disciplinario colectivo -de sujeción subjetiva- tan eficaz como este.

    Poner a la sociedad a trabajar fue la gran obsesión política del primer capitalismo industrial. Era necesario al fin y al cabo crear, propiamente, una sociedad de trabajadores.Encontramos aquí y allá, las casas de trabajos obligatorios, donde se concentraba las masas vagabundas.En el paroxismo victoriano de la concepción moralizante del trabajo encontramos el treadmail, la cinta de correr en la que a modo de rueda de hámster gigante los condenados a forzados debían caminar todo el día. O la manivela, a la que el preso debía dar vueltas más de 10000 veces al día, conectada a la nada o una palas que remueven arena.

    Pura producción desconectada de producto objetivo. O lo que es lo mismo: pura producción subjetiva en la que el preso no producía nada salvo a sí mismo.

  7. Es curioso recurrir al concepto de minoría de edad como relativo a aquellos que se encuentran, o se encontrarían, desconectados del mundo del trabajo asalariado. Porque, por el contrario, durante largo tiempo se entendió, precisamente, que los sujetos al trabajo asalariado eran equivalentes a los menores en cuanto a su capacidad civil.Aquellos cuya voluntad material se encontraba sujeta a un tercero no podían ser reconocidos como plenamente libres (en su voluntad) y por tanto capaces de realizar sus derechos civiles con plena autonomía. Por ejemplo, en la Metafísica de las Costumbres Kant expone:

    ...el mozo que trabaja al servicio de un comerciantes o un artesano; el sirviente (no el que está al servicio del Estado); el menor de edad (naturaliter vel civiliter); todas las mujeres y, en general, cualquiera que no puede conservar su existencia (su sustento y protección) por su propia actividad, sino que se ve forzado a ponerse a las órdenes de otros (salvo las del Estado) [...] porque tienen que ser mandados o protegidos por otros individuos, por tanto no poseen independencia civil (GMS 315).

    Kant no hace aquí sino actualizar la consideración Aristotélica de que el trabajo asalariado es “esclavismo a tiempo parcial”, situación que cuestiona la propia libertad del ciudadano y condiciona su actuar civil.

    Detrás de esta idea (que debe haber una cierta correspondencia entre la condición material del individuo y su condición formal) aunque suene aberrante; y ciertamente lo es; no deja de apuntar a una realidad: que el decalaje entre la condición material y formal constituyente de las sociedades capitalistas democráticas es una extraña anomalía.

    Cierto es que lo que Kant y el pensamiento conservador propone resolver con un recorte de los derechos formales, nosotros/as lo querriamos resolver con una ampliación de las condiciones materiales de existencia.

    Por otra parte; precisamente lo que el caso de lucha de las mujeres por el sufragio nos ha enseñado, es que, bajo ciertas condiciones de lucha, el poder formal puede ser un gran arma en las luchas materiales.

    En definitiva, sólo señalar que, aún aberrante, la definición de los asalariados como el equivalente a menores de edad, estaba de un cierto modo bien armado conceptualmente. No sólo es sorprendente que este argumento aparezca, en la boca y el teclado de algunos/as críticos de la Renta Básica Universal (en general defensores del Trabajo Garantizado) a contrario sensu sino que de hecho no es evidente de modo alguno que quiere significar.

  8. Soy el punto 8 y vengo a desmentir lo afirmado en la última parte de la última líneas del último párrafo del punto 7.Si sabemos lo que quiere decir. Afirma en primer lugar que no hay relación social desmercantilizada.Hay dos formas de abordar esta afirmación. La primera es una discusión/defensa de las relaciones sociales (en general en primer lugar, y laborales en segundo lugar) que efectivamente no pasan por el mercado. Es una línea interesante pero cabe la posibilidad de caer demasiado rápido en algunos esencialismos morales.
    La segunda forma de abordarla es tomarse en serio la afirmación. Efectivamente el mercado (y particularmente el mercado de trabajo) es un gran elemento articulador de las relaciones sociales en una sociedad capitalista.Podemos decir que a) el mercado es una relación social, b) que en determinadas sociedades es de hecho la relación social principal en términos estructurales (es decir aquella en relación a la cual se articulan/oponen la mayor parte del resto de relaciones sociales) y c) que esas sociedades son las que llamamos propiamente capitalistas.Podemos; debemos; tomar en cuenta que la relación de dominación que se establece a través del mercado de trabajo no funciona de manera puramente negativa, sino también funciona anudando en torno a ella funciones productivas o positivas.Es decir que el asalariamiento no produce sólo alienación sino también vehicula el reconocimiento social, vertebra el trayecto vital imaginario y real de los individuos, articula en cierta medida procesos de autoestima y empoderamiento, es un espacio de socialización en sí mismo. O lo que es lo mismo, hace todo eso al mismo tiempo que te aliena y desposee.

    Una política, como la Renta Básica Universal, que desarbola parcialmente los términos estructurales de dicha relación tiene previsiblemente la consecuencia de producir un vacío cultural, en tanto en cuanto, muchas de esas funciones positivas que pasan por el trabajo deberán articularse en otro lugar. Deberíamos aceptar por tanto también que en tanto en cuanto puede producirse un coste social.

    La pregunta es: ¿toda política emancipatoria anticapitalista no se enfrenta al mismo problema? En última instancia si lo que se trata es de acabar con la relación mercado/mercado de trabajo como la relación social básica de nuestras sociedades en beneficio de otras relaciones siempre enfrentaremos esta cuestión.

    En todo caso, si este no es nuestro problema,como es el caso de los defensores del TG, este problema sólo aparece como coste y no como oportunidad.

  9. En relación a lo anteriormente expuesto, deberíamos también aceptar otra crítica de los críticos de la Renta Básica Universal: no nos flipemos.La Renta Básica Universal sólo es una propuesta política, con cierto potencial transformador que, además para funcionar en este sentido, es; como hemos señalado en los puntos 2 y 3; parte de una serie de dispositivos que son a su vez  objetivos de conquistas. Entre ellas, no menor en el marco sureureopeo, reconquistar la soberanía fiscal y monetaria.No va instaurar el paraíso en la tierra ni solucionar de golpe todos los complejos y enmarañados dispositivos de dominación. Puede que algunos. Unos pocos. Eso tampoco debe desanimarnos.
  10. Este punto 10 es en realidad una especie de punto 8.b. Identificó, entre los críticos pro-job de la Renta Básica Universal un problema en relación a la defensa del mundo del trabajo como mundo de vida, que al mismo tiempo es capaz de morder cierta realidad y por otro mistificarla.Dicho de otra manera: todo eso que decimos que se produce en el mundo del trabajo ¿sigue produciéndose? ¿el trabajo sigue ofreciéndonoslo?Los defensores de la Renta Básica Universal ciertamente deberíamos dejar de hablar de automatización y robotización, que son fantasías exportadas del ala neoliberal, y centrarnos más en esta cuestión: que, de hecho, el trabajo en el siglo XXI ha dejado de articular el contrato social que supuestamente vehicula y promete.Desde hace cuarenta años la garantía relativa de estabilidad del empleo que había sido el sello del pacto social en las sociedades capitalistas europeas después de la segunda guerra mundial comienzo a descomponerse. Hoy vivimos en sus ruinas (ni en otro lugar ni en el mismo, sino sobre los escombros).El proceso de financiarización, flexibilización de la producción y precarización creciente de las condiciones de existencia son también el proceso autotómico de desmantelamiento de la sociedad salarial clásica en el seno de la propia sociedad salarial. Así podemos decir, con las palabras de Paolo Virno:

    El trabajo deja aquí de cumplir su función de poderos sustituto de un tejido ético objetivo, ya no ocupa el lugar de las formas tradicionales de eticidad, por otra parte vacías y disueltas desde hace mucho tiempo (Oportunismo, cinismo y terror)

    El problema de la propuesta del TG es que la oferta moral  que acompaña al trabajo se encuentra hace tiempo agotada en el mundo del trabajo. No es un cierta posibilidad de anomia bajo el hipotético reinado de la Renta Básica Universal. Es la realidad cierta del mercado de trabajo al que pretende arrojarnos.